Archivo de la categoría: Poemas de Juan Francisco González-Díaz

“PRESENTACION DE “UNA MUJER ES…” DE JUAN FRANCISCO GONZALEZ-DIAZ”.

1465107_241596672664764_171370791_nEl pasado jueves 21 de noviembre de 2013, en las instalaciones del Casino La Unión de Telde, tuvo lugar la presentación del poemario “Una mujer es…” de Juan Francisco González-Díaz.

El acto que contó con una nutrida asistencia de público, así como la participación como madrina del acto de doña Conchy Vera Santiago, y la presentación del poemario a cargo de doña Rosario Valcárcel. También intervinieron, leyendo poemas del autor, miembros del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia” que coordina el mismo Juan Francisco González-Díaz.

Este poemario, editado por NACE en 2012, consta de 26 poemas eróticos y de amor y 8 ilustraciones de la pintora, ceramista, escultora y muralista, Elva Ramírez Bordón. Son poemas no demasiado largos, ágiles, fuerte, de gran vitalidad y cadencia, muy conseguido. Donde el registro erótico capta su propia elocución y demuestran el bagaje cultural del autor.

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Esta es la valoración crítica que  Mª José Vidal, poeta, crítica literaria y miembro del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia”, leyó en dicho acto:

Existe a veces una obsesión por enmarcar al artista dentro de una generación o tendencia. Pero hay autores cuya obra tiene una esencia tan propia que no caben en las estrechas cuadrículas del espacio y el tiempo. Al fin y al cabo, el arte es un lenguaje que trasciende los límites.

Y así es la obra de Juan Francisco González-Díaz. Cubano de varias tesituras, su relación con la poesía comienza a temprana edad y se mantiene a lo largo de su vida, dando numerosos frutos: “Caer del agua” (La Habana, 1991), “Tocar en la Aldaba” (La Habana, 1992), “Hacer el silencio” (Huelva, 1996), además de otras obras de narrativa y ensayo, hasta llegar al libro que hoy presentamos: “Una mujer es…”

Este es un libro vivo. Dentro de él suceden múltiples situaciones. Eros se enfrenta a Cronos y, en esa lucha, esto dice el poeta de sí mismo:

“Como de costumbre,1450786_241595975998167_1377178016_n

llega sin prisa,

ingenuo y tierno,

el eterno chiquillo

que encanece.”

Sin embargo, lo que el libro transmite es la victoria de Eros. Por eso está escrito en un tono de allegro, aunque sea a veces “ma non troppo”.

Dentro de “Una mujer es…” sucede también una historia de complicidad entre autor y lector. Ya lo anuncian los puntos suspensivos del título. Probablemente, el mejor marco teórico para el estudio de esta obra sea la Estética de la Recepción. Hans Robert Jauss, principal representante de esta tendencia, habla de la creación de un horizonte de expectativas por parte del autor y de un horizonte de experiencias suplido por el lector. Los poemas que componen el libro que hoy presentamos están llenos de elipsis que implican al lector en ese proceso de construcción del texto, excitando constantemente su imaginación. El arte de sugerir, de decir las palabras precisas, y que el lector invente las no dichas.

Se podría decir que es un libro interactivo. El autor se dirige a un tú lírico que es la mujer, una Mujer con mayúsculas: “Tú, simple y mortal./ Mujer.” Pero hay dos poemas en los que es el tú lírico el que se dirige al autor, los titulados “Regalo de confesión”, nº 1 y nº 2. Existe un diálogo entre autor y lector, pero también entre el yo y el tú líricos.

Es un libro dinámico, no solo por el diálogo que provoca, sino también por el uso del verso corto, rítmico, con enumeraciones de adjetivos que bailan con los verbos: “Irrumpe,/ rápida,/precisa”; “Rebota,/esparce: divertida”.

También es una poesía viva, llena de personificaciones: “Acomodan al pobre invierno,/ dejándole un sitiecito/ al lado”; “el silencio,/ galante,/ echa la llave/ y se nos posa en los hombros”. Algunos de los seres personificados llegan a adquirir la categoría de símbolos: la lluvia, que representa el devenir del tiempo y la humedad sexual (Eros y Cronos, deslizándose); la risa, que sale de paseo, y es la alegría erótica que invade estos poemas; pero también el silencio, símbolo de la profundidad del mundo interior del poeta.

El deseo y su satisfacción constituyen la temática del libro que hoy presentamos. Casi siempre es un erotismo feliz, satisfecho, que se refleja en poemas como “Pulsa el calor”, “Gotas”, “El mediodía es menos cálido”. Otras veces asoman la nostalgia y el recuerdo: “Duele/ el no tocarte”. Pero, como ya he dicho, casi siempre Eros resulta vencedor:

“El aire,1454797_553065828103763_1191926826_n

           entero,

canta,

resuena.

Ya no hay sitiecito

para el pobre invierno.”

“Una mujer es…” es un canto al placer erótico. Los dibujos de Elva Ramírez Brandón, plenos de sugerencias y naturaleza, comparten la misma clave que los poemas, esa clave de sol que amanece y anuncia las formas que la poesía, definitivamente, alumbra. Adentrémonos en la profundidad de este mundo interior iluminado.

 Mª José Vidal Prado

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La culpa es de las palabras

Hacia aquí

arriban,

ariscas,

querendonas.

En un no que si,

de claro en oscuro.

Tenues,

gota a gota.

En sinuosas deferencias,

a tanteos,

vislumbran

sus destellos.

Con pasos de cangrejos desembarcan.

Irrumpen a saltos de linces.

Desbordan.

Nos descubren.

Nos delatan.

Juan Francisco González-Díaz

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Sobre la luz creída

Prosigue.

Asedia.

Las retinas impregnan.

De olores colman.

A cuestas ando

con tu cuerpo.

Va conmigo.

No me suelta.

Juan Francisco González-Díaz

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Presentación del Poemario de Juan Fco Glez Díaz y Exposición de Elva Ramirez Brandón

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Escaramuzas.

Con traje de amianto elucubra…

Sabe que los discóbolos

y los encantadores de caballos están prohibidos.

Nada más que los indeseables ejercen las censuras.

Cantos rodados son las ciudades

de fatigas en los aires,

al respirar

por las cicatrices de los descalabros.

Los vecinos,

recelosos,

mesuran los conjuros de los cuerpos

al aderezarse.

Soberbios resplandores atenúan el fastidio

de no tener sosiego.

Todos,

uno a uno,

algo dejan

en las ondulantes escaramuzas.

 

Juan  Francisco González-Díaz.

 

 

 

 

 

 

Poema leído en el Recital Simultáneo por Ciudad Juárez, en la tarde noche del sábado 1º de septiembre, en Arinaga, Isla de Gran Canaria.

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Mi barrio


Por el aire cabalga

la negra capa de aguas

del brujo Juan Cabanga.

Las patas de su caballo

liberan los 4 leones de la fuente,

para  que sin bajar del parque

rujan a lo sombrío.

María Tindé,

con un tabaco en la boca,

a las carretas cargadas de cañas

protege de lo confuso.

A través de la bruma

el jefe del puesto militar,

pistola en mano,

acecha al grillo.

Tirado por 6 chivos

un VW rueda

por los raíles del ferrocarril.

Los santos de las cazuelas,

del alejado barrio de Culo Prieto,

a  toques de tambores,

convocan a fiestas.

Juan Francisco González-Díaz.

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