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Poeta invitado Juan Calero

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El pasado lunes 10 de noviembre, tuvimos el honor de compartir una sesión conjunta del Taller Literario “Espejo de Paciencia” y el Taller de Poesía “Dulce Maria Loynaz”, con el poeta cubano, residente en la isla de La Palma, Juan Calero. La primera planta del Hotel Madrid, en Las Palmas de Gran Canaria, fue testigo de esta mágica noche de palabras y confidencias.

Juan Calero Rodríguez, nace en Guanaja, la Habana, Cuba, pero viven el Los Sauces, isla de La Palma, desde hace más de veinte años. Goza de numerosos premios en poesía, y ha sido publicado en numerosas antologías y certámenes. Ha publicado Palabras del balsero, Editorial Alternativas, 2007. Pasajero sin oficio, Ediciones Alternativas, 2010 y Bajo los portales del Niágara, 2013.

Preside la asociación ArteNaciente con la que da rienda suelta a otra de sus grandes pasiones, el teatro.

Si grandes son sus valores como poeta, más aún lo son sus valores humanos de humildad, cercanía y franqueza.

Disfrutamos sus poemas, como no podría ser menos, pero sobre todo de su cercanía y de su reconocimiento a la importancia y valor de disponer de un grupo humano donde compartir inquietudes literarias y aprender haciendo entre todos y todas.

Toda una lección de humanidad y buena literatura la de Juan Calero.

Gracias amigo.

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MARILYN

Yo, Thomas Noguchi, médico forense
cotizado por gladiadores del Universo
ante este semidiós de la mitología contemporánea
desnuda sobre una mesa fría común a todos los muertos
declaro:
Norma Jean Baker. Treinta y seis años
ciento diecisiete libras
con estómago limpio de barbitúricos
y útero tamaño natural sin temores
amado desde los nueve años
por un padrastro innoble
hasta el presidente más poderoso
por supuesto nombrado y respetable John F. Kennedy
precipitada a la confianza
burlando vértigos y lluvias
ingenua, cosmetómana, narcisista
torpe frente a la soledad
indisciplinada y maravillosa
perdida en alguna grieta bastarda
ebria de autógrafos y tranquilizantes
con casi kilogramo y medio de cerebro
pulmón derecho pesando cuatrocientos sesenta y cinco gramos
y corazón deseado por millones de hombres
tuvo de todo, menos la vida.
Ella que soñó reinar desnuda
entre aplausos en alguna iglesia
hoy soy su público
y la poseo sin fotógrafos.

Declaro:
Caso forense No. 81128
fue asesinada
por sus fieles admiradores.

Apaguen reflectores. Ha muerto la reina.

Del poemario Palabras del balsero, 2007
JUAN CALERO RODRÍGUEZ
Cuba-Canarias

LA BALADA DEL ESTRECHO

No hay que estar demente para tirar los hijos al mar.
Esas alas de criatura, pobrecitos,
barcos que van y vuelven y van
y extravían en círculos la espera
sin saberse libres de cautividad.
Nadie comprende el sacrificio de vivir
con las trampas intactas
y levantarse donde los pinos
inventan su mito y la música vieja.
De amigos que se ocultan y se privan
y alguna vez recuerdan
dónde removimos luces sedientas.
Historias de antes, de siempre
de pequeños, de toda una vida.
Ahora que ya no quedan refugios,
ni insectos jugando a las escondidas.
Levanto la mano derecha sin pedir la palabra
para romper el dolor del hombre y hacerlo mío.
Tal vez haya algo, pero nunca sabremos
cómo será el fin del eterno cielo
sobre un pueblo, gramo de simiente,
ripio cansado de esperar.
Somos el sonido de las aguas acumuladas
donde entona una balada a lo lejos
las maneras de estrechar otros cuerpos.
Y ofrendamos nombres a los náufragos cotidianos
tan frágiles para que suenen sobre todas las cosas
perdidos entre los pasos de nuestro tiempo
sin el ángel de la tregua.
El límite atemoriza por este estrecho interminable
y enloquece algo la historia
hasta el fin de los exilios.

Antología El balsero
JUAN CALERO RODRÍGUEZ
Cuba-Canarias, España

LAS CALLES DEL PUEBLO

Todas las calles de mi pueblo
tienen ese raro contraste
entre una cara feliz
y una espalda muy triste.
Una tristeza amarga, profunda
con todas las cuchilladas
que le hemos dado
cada uno
cuando la abandonamos.

DEL POEMARIO “LOS PUENTES QUE DEJAMOS AL PASAR”
JUAN CALERO RODRÍGUEZ
CUBA-CANARIAS, LA PALMA

NOSTALGIAS

Hoy he vuelto a lo que fue mi casa
pero no pude entrar.
Está llena de recuerdos.

A las puertas está mi país,
mi ciudad, mi pueblo, mi vida, mi mundo
sin poderlos habitar.
Ya no me pertenecen.

Juan Calero
Cuba-Canarias, España
Del poemario: “Bajo los portales del Niágara”
Pîntura: Arsenio Morales
La Palma, Canarias

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Poeta invitado: Manuel Díaz Martínez

El pasado lunes 8 de julio, tuvimos la dicha de contar con la presencia en el Taller del poeta Manuel Díaz Martínez. Un lujo, contar con su experiencia y sus consejos.

                   ManuelDiazMartinez_Espejodepaciencia02   Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936). Poeta y periodista. Fue primer secretario y consejero cultural de la embajada de Cuba en Bulgaria, investigador del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, redactor-jefe del suplemento cultural Hoy Domingo (del diario habanero Noticias de Hoy) y de La Gaceta de Cuba (de la Unión de Escritores y Artistas de su país natal). Fue director de la revista Encuentro de la Cultura Cubana y pertenece al consejo editorial de la Revista Hispano Cubana, editada en Madrid.

Ha publicado catorce libros de poemas, el último de los cuales es Paso a nivel (Madrid, Editorial Verbum, 2005). En su antología Un caracol en su camino (Cádiz, Editorial Aduana Vieja, 2005) recoge gran parte de su obra poética. Una selección de sus poemas fue publicada en 2001, en edición bilingüe (traducción de Giuseppe Bellini), por la editorial Bulzoni, de Roma. En 2002, publicó su libro de memorias Sólo un leve rasguño en la solapa (Logroño, AMG Editor). Es autor de dos ediciones comentadas de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer (La Habana, Arte y Literatura, 1982; Madrid, Akal, 1993) y de una edición (Verbum, 1996) de las cartas que Severo Sarduy le enviara a La Habana. En 2008 publica su libro de ensayos y artículos Oficio de opinar (Valencia, Editorial Aduana Vieja). Poemas suyos aparecen en numerosas antologías publicadas en diversos países y han sido traducidos a más de una decena de idiomas. En 1967, su libro Vivir es eso obtuvo el Premio de Poesía “Julián del Casal”, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, concedido por un jurado que integraron Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Gabriel Celaya, José Ángel Valente y Enrique Lihn. En 1994 ganó el Premio “Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria” con su libro Memorias para el invierno. Es autor de la antología Poemas Cubanos del Siglo XX (Madrid, Hiperión, 2002). En 2011, bajo el título de Objetos personales (1961-2011), aparece en Sevilla su poesía completa en la Biblioteca Sibila-BBVA de Poesía en Español. Es miembro correspondiente de la Real Academia Española. En 2006, el Centro Cultural Cubano de Nueva York le otorgó la medalla “La Avellaneda”, en reconocimiento a su aporte a la cultura cubana. Posee la ciudadanía española y desde 1992 reside en Las Palmas de Gran Canaria.

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Mínimo discurso sobre el Poeta, la Palabra y la Poesía

Discúlpenme,

si pueden y si quieren,

este discurso sumario,

acaso ingenuo, acaso pretencioso,

sobre el Poeta, la Palabra y la Poesía,

—o, si lo prefieren,

sobre la inútil paradoja que sería el Universo

si no contase con la angustia del hombre que lo mira.

Quizás sea el momento de decirles

francamente

lo que pienso sobre materia tan resbaladiza,

sin tomar, es un decir, las debidas precauciones.

En primer lugar no creo que nosotros los poetas

—los filósofos sonríen en la mesa vecina—,

pastoreando las Dudas como cabras en la noche,

hagamos otra cosa que mentir:

mentir para existir,

mentir para querer,

mentir para indagar,

mentir ¿para saber?

¿Alguna vez sabremos?,

¿alguna vez, en la madeja iridiscente de la mentira

—ah, maestro Eliseo Diego, háblenos, que usted ya sabe—

hallaremos el camino, o los caminos,

hacia esos distritos nocturnos de las cosas

que tanto nos intrigan?

La impostura, la treta, el maquillaje

son los instrumentos de nuestro menester

(oficio, para algunos, de vida paralela,

y, para otros, de hundirse hasta el alma en la que hay).

Véanlo, si no, cuando decimos

vendrá la muerte y tendrá tus ojos, o

tus otoños me arrullan en coro de quimeras obstinadas,

o la noche se puebla de muecas de locura,

y más: polvo serán, mas polvo enamorado.

Uno de nosotros,

por ser fiel a una nostalgia,

mintió de esta manera:

Por la hoja del caimito van dos colores trepando.

Y otro, para ser fiel a la norma del coraje,

grabó en nuestra memoria esta mentira:

¡La celeste zancada de los que caen siempre en la batalla!

Así queda demostrado que no es en absoluto aconsejable

que al pie de la letra se tomen,

como se dice,

ni versos ni poemas,

así sean odas bravas o breves madrigales.

Y es aberración aborrecible negarse a comprender

que el espíritu acosado invente una puerta de emergencia.

Débese tener presente, pues, que la poesía

es agua discursiva, oscura pradera, rosa melancólica,

carnívoro cuchillo, grano de trigo en el silencio,

guitarra del mesón de los caminos,

manotazo, águila audaz, guijarro,

mosca, miedo, mástil, horizonte, todo

menos un acta notarial,

por más que su destino sea,

al menos el que su índole prescribe,

dejar constancia permanente de no se sabe qué.

Y atención, toda la atención les ruego:

no caer en esa trampa de pensar que la Poesía está en las cosas

como un bodoque de hulla en una mina,

como un pan en la despensa, como

una estrella hundida en el corazón de una bellota,

y de pensar que el Poeta,

escarbando en las cosas asistido de una espátula y un cirio,

la descubre y nos la pone entre las manos,

neta,

nívea,

nítida,

unívoca,

inequívoca y fosforescente.

Amigos míos,

cómplices y parroquianos de mutuas soledades,

estoy en condiciones de afirmar rotundamente,

con el viejo búho Stéphane Mallarmé,

y siguiendo mis propias experiencias,

que la Poesía habita sólo en el idioma:

por más que a lo largo de mi vida lo intentara muchas veces

nunca logré

—el pauvre Lélian asimismo ha fracasado—

ni un solo romance sin palabras.

Poesía eres tú, Gustavo Adolfo,

en Sevilla y en Veruela

y muriéndote de sífilis en Claudio Coello 26,

y lo soy yo,

y no porque seamos ni musas ni modelos,

sino porque somos los que hablamos:

sin nosotros no hay mirada,

no hay asombro,

no hay desgarro,

no hay desvelo,

no habrá un alma para la montaña,

ni una traducción del cielo,

ni eternidad para la espiga,

ni una gramática para el misterio,

ni un horizonte cuadrado,

ni un oboe sumergido,

ni un antílope de evaporados pasos.

Sin nosotros y nuestros cómplices de siempre

no hubiera un verso respirando en este mundo,

y un verso, sólo un verso,

si es un verso, todo un verso,

es toda la Poesía.

La Poesía no mana del jardín, sino del jardinero,

y mana de mí, que descubro el jardín de otra manera,

que lo miro y no lo miro,

que lo nombro y no lo nombro,

que al llevarlo a mi lengua lo sumerjo en una luz y en una sombra

que jamás le dieron y nunca le darán

ni la aurora más radiante ni la noche más sombría.

La Poesía es el verbo incandescente que la crea.

Digámoslo sin arrogancia,

más bien sobrecogidos,

y que Gustavo Adolfo, hermano mío, me perdone

desde todos los Olimpos que sin duda se merece:

podrá no haber poetas,

en cuyo caso tampoco habrá Poesía.

Las Palmas de Gran Canaria, 1997

LA CENA

 a Rafael Alcides

Mi abuelo se sentó a la mesa con su muerto al lado.

No levanté los ojos de la sopa:

sabía que él también estaba muerto.

Mi madre tampoco levantó los ojos

a pesar de estar tan muerta como él.

Pero el muerto más muerto era Jacinto el ciego,

que no tenía ojos para ver la sopa.

Y peor aún era el caso de Donata,

que no tenía sopa para meter los ojos.

Mi abuelo se levantó, entonces, de la mesa

y nos dejó solos con su muerto

(un muerto sin ojos y sin sopa,

un terrible muerto hecho todo de bocas y de huesos).

Lo miré al soslayo, ya sin pizca de apetito,

y deduje que era un muerto que buscaba nombre.

Le puse el nombre de mi abuelo.

Mi madre protestó y le puso el nombre de mi padre.

Mi padre protestó y le puso el nombre de mi hermano.

A Donata y a Jacinto se los tuvo en cuenta

cuando llamaron al muerto con mi nombre.

Fue cuando pregunté:

-¿es necesario que los muertos tengan nombre?

¿por qué meter los ojos en la sopa?

¿Hay que sentar los muertos a la mesa?

Mi padre respondió al momento:

-conviene darles un carnoso nombre

donde poder pegarles la mordida;

ellos se pasan el tiempo con la boca seca

raspando con sus dientes nuestros platos.

Si no tuvieran nombre, ¿cómo poder llamarlos

y cómo poder, si queremos, despedirlos?

-Es muy justo sentarlos a la mesa

-añadió mi madre sonriendo

y cortando el pan en rebanadas-.

Nadie puede negar que tienen boca y, por tanto, hambre;

y manos y, por tanto, ganas;

y huecos, enormes huecos fríos que llenar.

Ellos también han de poner sus huesos en la mesa.

Jacinto el ciego le sirvió más jugo al muerto

y mi madre le arrimó toda la sopa

mientras Donata, solícita, decía

¡Buen apetito! en italiano.

Fue cuando pregunté de nuevo:

-¿Todo se hace en el nombre de los muertos?

-Manuel, ¡cállate y come!

COMO TODO HOMBRE NORMAL

(fragmento)
                                          A Ofelia

Yo, como todo hombre normal, soy maniático.
Me llevo bien con mis obsesiones.
Mis relaciones con la angustia son cordiales.
porque no creo que en el mundo todo está ganado,
pero tampoco que está perdido.
Simplemente pienso que falta por hacer la mejor parte.
(Cuenten conmigo).
Pero pido que se razone y se hable claro.
Y pido que se condene a Dios por incapaz y al Diablo por
ridículo y a la Gloria por exagerada y a la Pureza por imposible
y al Iluso por iluso y al Burgués por dolo y al Fanático por
pandillismo y nocuturnidad.

                            II

Yo, como todo hombre normal, estoy enamorado de una mujer,
de una gran mujer nerviosa, bellísima, al borde de la histeria,
de una espléndida mujer que le gusta vivir,
que hace el amor como una niña de convento
a pesar de sus grandes ojos dibujados, de sus largas piernas
duras y del temblor de primavera,
del frenético temblor obsceno
que desgarra la blancura de su vientre.
Y estoy enamorado de mi tiempo,
que es brutal y también está al borde de la histeria.
Estoy enamorado de mi tiempo con los nervios de punta,
con la cabeza rebotando entre el estruendo y la esperanza,
entre la usura y el peligro,
entre la muerte y el amor.
Y sueño y vocifero ferente a una sorda, ululante multitud de
turbinas, pozos de petróleo, gigantescos combinados
siderometalúrgicos donde el hombre crece en la presteza de sus
dedos sobre los controles y las herramientas, fundido al cuerpo
caliente y brillante de las máquinas, que se desgastan
incesantemente fabricando un mundo radiante y futuro, jamás
visto, jamás oído, jamás tocado, habitado por fantasmas que
apenas tenemos tiempo de engendrar.
Estoy enamorado de una mujer,
belísima y neurótica como la Historia,
y me hundo en sus carnes espaciosas para que la aurora que
estamos construyendo no ilumine el planeta
solitario y melancólico.

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Poeta invitado: Matsuo Bashô

BASHO2Reseña biográfica

Poeta japonés nacido en Ueno, Akasaka, en 1644.

Perteneciente a una familia noble, a los 19 años se alejó de su familia para conseguir recursos propios sirviendo  como discípulo del jefe samurai Toudou Yoshitada. Algún tiempo después de la muerte de su maestro, fue alumno del gran poeta  de la literatura china Kitamura Kinguin, quien lo guió hasta convertirlo en gran maestro de la poesía oriental.

En 1675 se trasladó a Edo, actual Tokyo, ingresando al círculo del  Haiku, en el cual formaban parte importantes poetas de la época. Adquirió gran fama en el ambiente cultural, logró una buena independencia económica que le permitió trasladar su residencia  a las afueras de la ciudad, logrando, en medio de la naturaleza, la tranquilidad e inspiración necesarias para desarrollar su labor poética.

Falleció en 1694 víctima de una corta enfermedad.

Las sendas de oku

Ah, este camino
que nadie recorre,
excepto el crepúsculo.

El camino de la muerte,
a pesar del sol de otoño,
¿quién querría emprenderlo?

La luna de la montaña
ilumina también
a los ladrones de flores.

¿Admirable,
aquel que no piensa: “la vida huye”
al ver el relámpago?

Muévete, oh tumba,
muestra que me reconoces:
soy el viento de otoño.

 

Primavera

Ved, bajo la lluvia de primavera,
la entrevista de ese abrigo
y ese paraguas.

El escenario de la primavera
¡Está casi preparado:
La luna y las flores del ciruelo

Un viejo estanque;
Se zambulle una rana,
El sonido del agua.

El hombre que diga,
“Mis hijos son una carga”,
No habrá flores para él.

¡Despierta, despierta,
Mariposa dormida,
Y seamos compañeros!

Pronto se va la primavera, lloran los pájaros y hay lágrimas
en los ojos de los peces.

Moscas de Kiso,
Aprended del viaje
De este vagabundo cargado de dolor.


Silencio;
La voz de las cigarras
Penetra las rocas.

Nada indica
En la voz de la cigarra
Que pronto morirá.

Otoño

Tal y como me parece,
El País de los Muertos es así:
Una noche de otoño.

La luna pasa rápidamente,
Las ramas aún sostienen
Las gotas de lluvia.

Invierno

¡Qué cortesía!
Hasta la nieve es fragante
En Minamidani.

La tempestad de invierno
Se escondió entre los bambúes,
Y amainó en silencio.

El dios está ausente;
Sus hojas muertas están amontonadas,
Y todo está desierto.

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Juan Jiménez (Ingenio, Gran Canaria. 1940)

Licenciado en Historia por la Universidad de La Laguna. Juan Jiménez

Autor de los poemarios: Canción necesaria con María C (1966), Y no es por el peso del sol por lo que cae (1968), Itinerario en contra (1980) y Epigramas (1995).

Es uno de los poetas canarios más interesantes de la segunda mitad del siglo XX.

Vivió su infancia y primera juventud en el árido sur de la isla de Gran Canaria, y este ambiente de pobreza material campesina y de rebeldía impregna buena parte de su obra.

Juan Jiménez es un poeta severo y duro, pero de esa severidad rigurosa nace el juego del lenguaje, y de la dureza la ternura. Siempre curioso y necesitado de saber más, es poseedor de una cultura amplísima, que hurga en los orígenes de la civilización occidental. Por su procedencia y sus acciones en clara oposición al poder y sobre todo a la dictadura franquista, parecía estar destinado a escribir poesía social, combativa y política. Ha escrito poemas en esa clave, pero sin duda Juan Jiménez va más allá y sabe entender muy pronto que la vida son acciones y la poesía debe ser ante todo literatura. “Escribir bien es revolucionario”, escribió Julio Cortázar, y algo similar podríamos decir de Juan Jiménez.

Sus temas son la esencia del ser humano, la soledad, el viento como metáfora del alma y el amor, sobre todo el amor. Es un poeta amoroso, pero no al estilo almibarado de los cartelistas del siglo XIX, sino de amor con mayúsculas, que es dolor, fuerza, pasión y a veces odio.

Su obra poética comienza con La Canción necesaria con María C, continúa con libros como Poemas señalados con el signo más por el odio y el rencor en contra, Para bajar con las palabras hasta la humillación, Y no es por el peso del sol por lo que cae e Itinerario en contra, que es también el título que reúne en un volumen todos los anteriores en 1980, y que significa un mojón en el camino de la poseía canaria.

Poeta remiso a publicar a la ligera, publica en 1995 el libro Epigramas, en el que hace un arriesgado y exitoso ejercicio de lenguaje. En su escritorio hay varios libros en proceso de creación, y sin duda muy pronto volverá a sorprendernos con otra publicación que, como todas las suyas, será punto de referencia. Juan Jiménez es sin duda uno de los poetas canarios más interesantes de la segunda mitad del siglo XX.

FÁBULA NARRA

 

Sobre el tiempo que fue que ya no vuelve

ya no se hable. Mejor, olvídalo.

Olvida que un día te enterraron. A todos enterraron

y todos viven. No trates al mundo

como si tú lo hubieras hecho.

La vida, cuanto nos rodea

no estaba antes. Acomódate, pues, y haz por trabajar

en lo que sepas. Haz palmos tus deseos,

haz decímetros largos por seguir enamorándote.

Consulta en la mujer el peso de tus caricias.

Recapacita sobre el abrazo sólo brevemente

y abre la tierra,

ábrela

firme tendido en sus senos ardiendo.

Prepara la paz para la guerra.

Narra tus besos. Bien,

narra el pan

y el vinagre. Cuanto se te apetezca.

Condúcete noblemente entre los pendejos de tu amada.

Demuestra todo lo benévolo en sus caderas

benévolas y escasas.

No te dejes parar por el odio.

No te pares (no te dejes). Páralo tú. Nárralo tú. Nárralo infalible.

Pero prepara la paz para la guerra.

Y sueña, no te importe. Sueña.

Lucha.

Pero prepara la paz para la guerra.

Prepara la paz para la guerra.

 

(Del libro Para bajar con las palabras hasta la humillación,

contenido en el ciclo Itinerario en contra, 1980)

 

_______

Somos dos seres solos por amor, dos solos.

Dos suspiros gritando.

Por donde vamos a salir, por donde.

Somos dos y seremos

más. Pero siempre enjaulados.

Para siempre enjaulados.

Es necesario decirlo gritando.

Somos cantos rodados, labios del sol.

Las piedras que el barranco

levanta contra el aire.

Los que nunca llegan porque estamos solos.

Los perseguidos, los ilusos.

Los que no se detienen.

pero siempre enjaulados.

 

______

Tu cuerpo arriba eres el cielo y das que tienes

un largo olor de millo rebosando.

Bajo tu falda

el mes de mayo es hembra.

Es hoy el primer día del verano

y mayo

queda en ti, clavado

contra tu frente,

clavado a pedazos contra tu frente

como el dolor de amar cuando se ama

después de mucho tiempo.

Pero para nosotros no.

Ni nunca eso.

Ni tú ni yo estamos para olvidar

que al tiempo muerto va a yacer la hora

la hora y el día entero, el hombre

y su mujer,

la cabra, lo otro y lo otro, y la mirada

más alta.

Y, más al sur de nosotros, el deseo

y el olor del azufre, el tomatero

y el ron

quemado, ronde rones mi señor proletario.

para nosotros sólo de noche el mar viniendo de la tumba, doblando

guitarrón y metalúrgico.

 

http://fernando-sabido-sanchez.blogspot.com.es/search?q=Juan+Jim%C3%A9nez

 

 

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Poeta invitada: Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973).

Raquel Lanseros nació en Jerez de la Frontera (España) en 1973.Raquel Lanseros

Es una de las voces más premiadas y reconocidas de la nueva poesía española.

Ha publicado los libros de poemas Leyendas del Promontorio (Ayto. Villanueva de la Cañada, Madrid, 2005), Diario de un destello (Editorial Rialp, Colección Adonáis, Madrid, 2006), Los ojos de la niebla (Editorial Visor, Madrid, 2008) y Croniria (Ediciones Hiperión, Madrid, 2009). Su libro Diario de un destello ha sido traducido y publicado en Francia bajo el título Journal d’un scintillement (Les Éditions du Paquebot, Paris, 2012).

Asimismo, su obra ha sido reunida en las antologías personales La acacia roja (Ediciones Tres Fronteras, Murcia, 2008), Un sueño dentro de un sueño (Ediciones del 4 de agosto, Logroño, 2012) y A las órdenes del viento (Valparaíso Ediciones, Granada, 2012).

Entre los galardones que ha recibido por su obra poética destacan el Premio Unicaja de Poesía, un Accésit del Premio Adonáis, el Premio de Poesía del Tren 2011 y el Premio Antonio Machado en Baeza.

Licenciada en Filología Inglesa, su obra ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, italiano, holandés, hindi, turco, hebreo y portugués. Asimismo, ha sido incluida en numerosas antologías y publicaciones literarias tanto en España como en otros países como Italia, México, Bélgica, Nicaragua, Colombia, El Salvador, Turquía, Chile, Perú, India, Estados Unidos y Argentina.

http://www.raquellanseros.com/

 

ENTONCES ME BESASTE

Por celebrar el cuerpo, tan hecho de presente

por estirar sus márgenes y unirlos

al círculo infinito de la savia

nos buscamos a tientas los contornos

para fundir la piel deshabitada

con el rumor sagrado de la vida.

 

Tú me miras colmado de cuanto forja el goce,

volcándome la sangre hacia el origen

y las ganas tomadas hasta el fondo.

 

No existe conjunción más verdadera

ni mayor claridad en la sustancia

de que estamos creados.

 

Esta fusión bendita hecha de entrañas,

la arteria permanente de la estirpe.

 

Sólo quien ha besado sabe que es inmortal.

 

A PROPÓSITO DE EROS

De todas las terrenas servidumbres

que aprisionan mi afán en esta cárcel

me confieso deudora de la carne

y de todos sus íntimos vaivenes

que me hacen más feliz

y menos libre.

 

A veces, sin embargo,

la esclavitud se muestra soberana

y me siento señora del destino.

 

Porque sé amar, porque probé la fruta

y no maldije nunca su sabor agridulce,

porque puedo ofrecer mi corazón intacto

si el camino se digna requerirlo,

porque resisto en pie, con humilde firmeza,

el rigor de este fuego que enloquece.

 

En este fragor mudo en el que todos somos

rufianes, vagabundos, desposeídos y presos

no existen vencedores ni vencidos

y mañana no arrienda la ganancia de ayer.

 

Que no entre en la batalla quien sucumba

ante el rencor pequeño de las humillaciones.

 

Sabed, son necesarias descomunales dosis

de grandeza de espíritu y coraje

en las lides calladas de la pasión humana.

 

La recompensa, en cambio, es sustanciosa.

 

Ser súbdito tan sólo de la naturaleza,

no temer a la muerte ni al olvido,

no aceptarle a la vida una limosna,

no conformarse con menos que todo.

 

SOBRE UNA CAMA HELADA

No es invisible el modo

en que ya no te busco,

ni esta manera nueva, sin fe ni mediodía

de llovernos despacio, -como gotas de hielo-,

de no ceder un palmo en medio del tornado.

El olvido es azul . Nunca termina

de convertirse a golpes en él mismo.

Se mide por ausencias y papeles en blanco.

 

Tras su paso, el silencio

deja detrás de sí un paisaje de ruinas,

una patria deshecha e inmolada

a los grises fantasmas de la pérdida.

 

El ánimo rojizo de las uvas maduras

se apodera despacio de la tierra.

 

Te quise. Me quisiste. Nos quisimos.

Qué fácil es decirlo cuando no queda nada,

cuando ya ni siquiera recordamos

el tacto de los sueños.

 

Ahora que la memoria se bate en retirada,

-vencida y silenciosa

como un niño sin cromos-,

y lo único tangible frente a nosotros mismos

es lo que ya no existe.

 

Entrevista y un poema

http://www.canal-literatura.com/Entrevistas/RaquelLanseros.html

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Poeta invitado: Antonio Jiménez Paz

El pasado lunes 6 de mayo, contamos en el taller con la presencia del poeta palmero Antonio Jiménez Paz. Ha estado unos días en la isla presentando la reedición de su libro de poemas “Tratado de Ornitología”, y quiso compartir un rato con nostros en el taller. Gracias Antonio, fue todo un honor y un placer.

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ANTONIO JIMÉNEZ PAZ

Antonio Jiménez Paz (La Palma, Islas Canarias, 1961), licenciado en Filosofía por la Universidad de La Laguna y Experto Universitario en Planificación y Gestión Cultural.

En 1986, premio de narrativa «Félix Francisco Casanova». Accésit Premio Emeterio Gutierrez Albelo, Tenerife 1991. Accésit premio Esperanza Spinosa, Lanzarote 1991.

Autor de los poemarios Los ciclos de la piel (Ed. La Palma, 1992); Tratado de ornitología (La Calle de La Costa, 1994). Diario de la distancia (Huerga & Fierro, 1996) y Casi todo es mío (Baile del Sol, 2008). Ha participado en antologías entre ellas Poesía Canaria De Los 80 (Cádiz, 1996) y Los Transeúntes de los Ecos (La Habana, 2001). Su obra ha aparecido en diferentes revistas literarias y poéticas. También ejerce la crítica y publica reseñas literarias.

 

PARECE QUE ESCRIBO TIEMPO

Parece que escribo tiempo si escribo diecisiete de marzo

pero no, escribo agua y una tarde con él

sin tocarlo al filo del tacto. Escribo ternera,

o tal vez ternura, no importa, el diecisiete

de marzo yo estaba solo al borde de la playa.

No importa el lugar como tampoco el lunar a la luna.

Escribo diecisiete de marzo y algo se me cae

de las manos, tal vez música levemente

solfeada, algo falta, quizás una curva a mi cama.

Parece que escribo tiempo, pero no. Escribo jazz

de heliotropo en heliotropo.

Parece que escribo tiempo si escribo diecisiete de marzo

pero no, escribo cúpula de frío en mi huerta, cuesta,

claro que cuesta uno solo jugar al escondite.

Pero escribo rey de los ojos tristes, o tigres

para que Cabrera Infante no se enfade.

Escribo cabellos que me pertenecen, caballos que

se los llevaron. Escribo diecisiete de marzo

y se fugan las tildes de mi pulso, el cielo es

culpable de alguna manera, también yo, y él,

y el aforo vacío de flores tejidas de vientre.

Ni sombras que engañen. Parece que escribo tiempo

pero no, escribo carne quizás, piel de hambre tal vez,

diecisiete, veinte, doce o nueve de cualquier mes.

(Los ciclos de la Piel)

______
Poblado el horizonte de pájaros
queda el pecho traspasado
al mundo del amor inventado.
____
Amor mío,
canta ahora.

Hay un pájaro
examinador
en la ventana.
_____

La polilla está contenta.

Alrededor de la bombilla
presume dar la vuelta al sol.

(Tratado de ornitología)

Como un estudiante subrayo los párrafos de mi cuerpo,
lo hallado misterioso o incompatible
con algún sistema explicativo.

Me describo y no me consigo creíble,
digno de papel,
apenas materia de libro.

Entonces me borro.

(Casi todo es mío)

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Poeta Invitada: Rosario Castellanos.

Nació en la Ciudad de México, el 25 de mayo de 1925. Vivió su infancia y adolescencia enrosario-castellanos-300x350 Comitán, Chiapas, México; falleció en Tel Aviv, el 7 de agosto de 1974.

Estudió la licenciatura y la maestría en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Con una beca del Instituto de Cultura Hispánica estudió cursos de posgrado sobre estética en la Universidad de Madrid.

Fue promotora cultural en el Instituto de Ciencias y Artes en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; directora de Teatro Guiñol en el Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil, en el Instituto Nacional Indigenista en San Cristóbal, Chiapas; directora general de Información y Prensa de la Universidad Nacional Autónoma de México (1960-1966); profesora en la
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (1962-1971).

Se le nombró embajadora de México en Israel de 1971 a 1974.

Fue becaria Rockefeller en el Centro Mexicano de Escritores de 1954 a 1955.

Obtuvo el Premio Chiapas 1958, por Balún Canán. En 1961 se le otorgó el Premio Xavier Villaurrutia por Ciudad real. En 1962 su libro Oficio de tinieblas obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Además, fue merecedora al Premio Carlos Trouyet de Letras, 1967, y al Premio Elías Sourasky de Letras, 1972.

“Es una de las voces fundamentales de la literatura en español y del pensamiento crítico del siglo XX. Una conciencia clara de lo que significaba ser blanca frente a los indios y mujer frente a los hombres la puso en el lugar de decidir, tomar partido, alzar la voz y compartirla con quienes no tenían ese derecho. Destacan en su poesía el desgarro, el impudor, la amargura, la soledad y la aceptación de la derrota, de las múltiples y pequeñas derrotas de cada día y de las grandes y definitivas derrotas del alma. Pero también la ironía, el humor negrísimo, la osadía, el descaro, la burla y la capacidad de reírse abiertamente de todo y de todos, empezando por ella misma, están presentes en sus poemas. Donde algunos han querido ver un patetismo afectado, y con mala intención muy femenino, lo que hay en realidad es un sarcasmo y una agudeza que sólo podían venir de una inteligencia como la suya”. (Poesía Digital)

Su obra ha sido incluida en diversas antologías y traducida a varios idiomas.

Obra publicada:

CUENTO:

Ciudad real, Universidad Veracruzana, México, Ficción, 17, 1960.
Los convidados de agosto, Era, México, 1974.

ENSAYO:

La novela mexicana contemporánea y su valor testimonial, Instituto Nacional de la Juventud, Cuadernos de la Juventud, México, 1966.
El uso de la palabra, Excelsior, Serie Crónicas, México, 1974; Editores Mexicanos Unidos, México, 1987.

Mujer que sabe latín…, Secretaría de Educación Pública, SepSetentas, 83, México, 1974; Secretaría de Educación Pública/Fondo de Cultura Económica, Lecturas
Mexicanas, México, 1984.
NOVELA:

Oficio de tinieblas, Joaquín Mortiz, México, 1962.

POESÍA:

Trayectoria del polvo, El Cristal Fugitivo, México, 1948.
El rescate del mundo, Dirección de Prensa y Turismo del estado de Chiapas, México, 1952.
Presentación en el templo, Madrid, España, 1951; 2a. ed., en Revista Antológica, México, 1952.
Poemas:1953-1955, Metáfora, México, 1957.
Al pie de la letra, Universidad Veracruzana, México, 1959.
Salomé y Judith, Jus, Voces Nuevas, 5, México, 1959.
Lívida luz, Universidad Nacional Autónoma de México, 1960.
Álbum de familia, Joaquín Mortiz, Serie del Volador, México, 1971.
Poesía no eres tú, obra poética 1948-1971, Fondo de Cultura Económica, Letras Mexicanas, México, 1972.

TEATRO:

El eterno femenino, estrenada en 1976; Fondo de
Cultura Económica, Popular, 144, México, 1975.

Dos meditaciones

I
Considera, alma mía, esta textura
Áspera al tacto, a la que llaman vida.
Repara en tantos hilos tan sabiamente unidos
y en el color, sombrío pero noble,
firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.
Piensa en la tejedora; en su paciencia
para recomenzar
una tarea siempre inacabada.

Y odia después, si puedes.

Elegía

Nunca, como a tu lado, fui de piedra.

Y yo que me soñaba nube, agua,
aire sobre la hoja,
fuego de mil cambiantes llamaradas,
sólo supe yacer,
pesar, que es lo que sabe hacer la piedra
alrededor del cuello del ahogado.

 

Lo cotidiano

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia;
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.

Para el amor no hay tregua, amor. La noche
se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla
el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.

Destino

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

¡Ah! pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
– antes que lo devoren – ( cómplice, fascinado )
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

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