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Poeta invitado: Antonio Jiménez Paz

El pasado martes 11 de marzo, tuvimos de nuevo la fortuna de contar con la visita en nuestro Taller del poeta Antonio Jiménez Paz. Compartió con nosotros su reciente trabajo “Una temporada en el centro. Panorama actual de la poesía en Costa Rica (Antología 1980-2013)” .

Antonio nos brindó la posibilidad de acercarnos de su mano a una realidad social, cultural y literaria a la que éramos ajeno. Nos hablo de sus motivaciones a la hora de realizar este trabajo, que le ha llevado unos cuantos años de investigación, trabajo y acercamiento a un país y unas gentes que le enamoraron hace ya unos años. Como dice en su prólogo, el libro no pretende ser un trabajo academicista, sino una propuesta a descubrir por el lector: “Se tiende a pensar, a creer, que aquello que desconocemos, de lo que no recibimos noticias, no existe. Que lo que no hemos leído, lo que no ha llegado a nuestras manos, a nuestro conocimiento, es porque no ha sido todavía escrito. Que el centro de la historia somos nosotros mismos, una historia universal fundamentada en nuestra propia base de datos. Y en parte así es. Pero nos cuesta aceptar, entender, que nuestro centro pueda desplazarse, y que como tal pueda extenderse fuera de sus propios límites, más allá de los márgenes de nuestra ignorancia, de lo previsto y consabido, de lo seguro. Centro como foco de atención, visita inesperada, inmersión, atendimiento. Periferia, pues, como Centro”.

  

JIMENEZ PAZ, Antonio. Una temporada en el Centro. Ediciones Amargod. Madrid 2013

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Actos con motivo del III Aniversario del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia”

Agaete, Gran Canaria. 28 de enero de 2014

Cartel III Aniversario Taller de poesía Espejo de Paciencia

La tarde en Agaete rumoreaba lluvia, pero el Huerto de las Flores, el jardín de los poetas, quiso otras melodías, la de los pasos serenos de Manuel Díaz Martínez, que paseó a la sombra de otros poetas que pasaron por allí. Luego nos regaló la palabra, la que se dio, la que escuchó a otros, la que finalmente convirtió en poesía para todas y todos nosotros. Fue un lujo contar con él para iniciar los actos del III Aniversario de nuestro Taller de poesía “Espejo de Paciencia”. La Biblioteca Municipal “Manuel Alemán” le brindó hospitalidad. Los que allí estuvimos, disfrutamos una vez más, del Señor, del Maestro, del Amigo, “de un hombre que vive dentro de la Poesía y que ama la Ética. Una de esas personas excepcionales con las que a veces la diosa Fortuna nos permite coincidir, en un alarde de generosidad” -como dice nuestra amiga Mª José Vidal-.

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Luego, más modestamente, la poesía de los miembros del Taller a través de la presentación, en el Espacio TEA, del libro colectivo Hotel Madrid. Poemas, que publicó el Centro Canario de Estudios Caribeños, en septiembre de 2013.
Así mismo, presentamos en Agaete los libros de algunos de los miembros del Taller: El Bosque de Luisa, de Isabel Padilla Santervaz, NACE 2013. Una Mujer es…, de Juan Francisco González-Diaz, NACE 2012. Y Brevedades, de Helio Ayala Díaz, NACE 2013.
 Otra sorpresa de la noche fue contar con la presencia del cantautor cubano Sofiel del Pino, que quiso acompañarnos con su música, su voz y su poesía en esta celebración tan especial. Un gran artista y mejor persona.

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III Aniversario del Taller de Poesía “Espejo de Paciecia”

Cartel III Aniversario Taller de poesía Espejo de PacienciaEl Centro Canario de Estudios Caribeños y el Taller de Poesía “Espejo de Paciencia”, quieren invitarte a la celebración del III Aniversario del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia”, que desarrollaremos en la Villa de Agaete el próximo 31 de enero.

El Taller Literario “Espejo de Paciencia” tiene por fecha de fundación el 28 de enero, día del nacimiento del conocido poeta, intelectual y libertador cubano, José Martí, hijo de canaria y valenciano. En este aniversario, deseamos materializar en la Bibliot…eca Municipal “Manuel Alemán” de Agaete, el viernes 31 de enero a las 18:30, un acto donde lo poético tenga su relevancia, con una disertación del destacado poeta cubano radicado en Gran Canaria, Manuel Díaz Martínez.

En esa misma fecha, a las 20:30 horas, en el espacio TEA, de la Villa de Agaete, hemos coordinado la presentación de varios libros de los integrantes del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia”. Entre ellos, el poemario colectivo “Hotel Madrid. Poemas” del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia”, “El Jardín de Luisa” de Isabel Padilla Santervaz, “Brevedades” de Helio Ayala Díaz, y “Una Mujer es…” de Juan Francisco González-Diaz, coordinador del Taller. Además de un pequeño recital del cantante cubano Sofiel del Pino.

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“PRESENTACION DE “UNA MUJER ES…” DE JUAN FRANCISCO GONZALEZ-DIAZ”.

1465107_241596672664764_171370791_nEl pasado jueves 21 de noviembre de 2013, en las instalaciones del Casino La Unión de Telde, tuvo lugar la presentación del poemario “Una mujer es…” de Juan Francisco González-Díaz.

El acto que contó con una nutrida asistencia de público, así como la participación como madrina del acto de doña Conchy Vera Santiago, y la presentación del poemario a cargo de doña Rosario Valcárcel. También intervinieron, leyendo poemas del autor, miembros del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia” que coordina el mismo Juan Francisco González-Díaz.

Este poemario, editado por NACE en 2012, consta de 26 poemas eróticos y de amor y 8 ilustraciones de la pintora, ceramista, escultora y muralista, Elva Ramírez Bordón. Son poemas no demasiado largos, ágiles, fuerte, de gran vitalidad y cadencia, muy conseguido. Donde el registro erótico capta su propia elocución y demuestran el bagaje cultural del autor.

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Esta es la valoración crítica que  Mª José Vidal, poeta, crítica literaria y miembro del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia”, leyó en dicho acto:

Existe a veces una obsesión por enmarcar al artista dentro de una generación o tendencia. Pero hay autores cuya obra tiene una esencia tan propia que no caben en las estrechas cuadrículas del espacio y el tiempo. Al fin y al cabo, el arte es un lenguaje que trasciende los límites.

Y así es la obra de Juan Francisco González-Díaz. Cubano de varias tesituras, su relación con la poesía comienza a temprana edad y se mantiene a lo largo de su vida, dando numerosos frutos: “Caer del agua” (La Habana, 1991), “Tocar en la Aldaba” (La Habana, 1992), “Hacer el silencio” (Huelva, 1996), además de otras obras de narrativa y ensayo, hasta llegar al libro que hoy presentamos: “Una mujer es…”

Este es un libro vivo. Dentro de él suceden múltiples situaciones. Eros se enfrenta a Cronos y, en esa lucha, esto dice el poeta de sí mismo:

“Como de costumbre,1450786_241595975998167_1377178016_n

llega sin prisa,

ingenuo y tierno,

el eterno chiquillo

que encanece.”

Sin embargo, lo que el libro transmite es la victoria de Eros. Por eso está escrito en un tono de allegro, aunque sea a veces “ma non troppo”.

Dentro de “Una mujer es…” sucede también una historia de complicidad entre autor y lector. Ya lo anuncian los puntos suspensivos del título. Probablemente, el mejor marco teórico para el estudio de esta obra sea la Estética de la Recepción. Hans Robert Jauss, principal representante de esta tendencia, habla de la creación de un horizonte de expectativas por parte del autor y de un horizonte de experiencias suplido por el lector. Los poemas que componen el libro que hoy presentamos están llenos de elipsis que implican al lector en ese proceso de construcción del texto, excitando constantemente su imaginación. El arte de sugerir, de decir las palabras precisas, y que el lector invente las no dichas.

Se podría decir que es un libro interactivo. El autor se dirige a un tú lírico que es la mujer, una Mujer con mayúsculas: “Tú, simple y mortal./ Mujer.” Pero hay dos poemas en los que es el tú lírico el que se dirige al autor, los titulados “Regalo de confesión”, nº 1 y nº 2. Existe un diálogo entre autor y lector, pero también entre el yo y el tú líricos.

Es un libro dinámico, no solo por el diálogo que provoca, sino también por el uso del verso corto, rítmico, con enumeraciones de adjetivos que bailan con los verbos: “Irrumpe,/ rápida,/precisa”; “Rebota,/esparce: divertida”.

También es una poesía viva, llena de personificaciones: “Acomodan al pobre invierno,/ dejándole un sitiecito/ al lado”; “el silencio,/ galante,/ echa la llave/ y se nos posa en los hombros”. Algunos de los seres personificados llegan a adquirir la categoría de símbolos: la lluvia, que representa el devenir del tiempo y la humedad sexual (Eros y Cronos, deslizándose); la risa, que sale de paseo, y es la alegría erótica que invade estos poemas; pero también el silencio, símbolo de la profundidad del mundo interior del poeta.

El deseo y su satisfacción constituyen la temática del libro que hoy presentamos. Casi siempre es un erotismo feliz, satisfecho, que se refleja en poemas como “Pulsa el calor”, “Gotas”, “El mediodía es menos cálido”. Otras veces asoman la nostalgia y el recuerdo: “Duele/ el no tocarte”. Pero, como ya he dicho, casi siempre Eros resulta vencedor:

“El aire,1454797_553065828103763_1191926826_n

           entero,

canta,

resuena.

Ya no hay sitiecito

para el pobre invierno.”

“Una mujer es…” es un canto al placer erótico. Los dibujos de Elva Ramírez Brandón, plenos de sugerencias y naturaleza, comparten la misma clave que los poemas, esa clave de sol que amanece y anuncia las formas que la poesía, definitivamente, alumbra. Adentrémonos en la profundidad de este mundo interior iluminado.

 Mª José Vidal Prado

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Video recopilatorio de las actividades del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia” 2013

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Ya está en las librerías “Hotel Madrid. Poemas”

Portada fin

El pasado 28 de septiembre  se presentó en las instalaciones del Hotel Madrid, el poemario conjunto de los miembros del Taller de Poesía “Espejo de Paciencia”.

Para las personas que estén interesadas en adquirir el libro, pueden ponerse directamente en contacto con cualquier miembro del Taller, solicitarlo en el propio Hotel Madrid, o adquirirlo en las librerías que se indican a continuación.  Si es desde fuera de Gran Canaria, lo pueden comprar on line a través de la web de la Librería Sueños de Papel  y se les enviará a sus domicilios.

Librería Sueños de Papel

Avenida Pintor Felo Monzón 32, Siete Palmas, Las Palmas de GC.

Teléfono: 928 42 14 40

Las Palmas de Gran Canaria

Librería Sinopsis

C/ Perdomo, 6, 35002 Las Palmas de Gran Canaria

Teléfono: 928 38 14 38

pedidos@libreriasinopsis.com

Librería del Cabildo de Gran Canaria

C/Cano, 24 – 35002 Las Palmas de Gran Canaria

Teléfono: (34) 928 381 539 / 928 381 594

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Poeta invitado: Manuel Díaz Martínez

El pasado lunes 8 de julio, tuvimos la dicha de contar con la presencia en el Taller del poeta Manuel Díaz Martínez. Un lujo, contar con su experiencia y sus consejos.

                   ManuelDiazMartinez_Espejodepaciencia02   Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936). Poeta y periodista. Fue primer secretario y consejero cultural de la embajada de Cuba en Bulgaria, investigador del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, redactor-jefe del suplemento cultural Hoy Domingo (del diario habanero Noticias de Hoy) y de La Gaceta de Cuba (de la Unión de Escritores y Artistas de su país natal). Fue director de la revista Encuentro de la Cultura Cubana y pertenece al consejo editorial de la Revista Hispano Cubana, editada en Madrid.

Ha publicado catorce libros de poemas, el último de los cuales es Paso a nivel (Madrid, Editorial Verbum, 2005). En su antología Un caracol en su camino (Cádiz, Editorial Aduana Vieja, 2005) recoge gran parte de su obra poética. Una selección de sus poemas fue publicada en 2001, en edición bilingüe (traducción de Giuseppe Bellini), por la editorial Bulzoni, de Roma. En 2002, publicó su libro de memorias Sólo un leve rasguño en la solapa (Logroño, AMG Editor). Es autor de dos ediciones comentadas de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer (La Habana, Arte y Literatura, 1982; Madrid, Akal, 1993) y de una edición (Verbum, 1996) de las cartas que Severo Sarduy le enviara a La Habana. En 2008 publica su libro de ensayos y artículos Oficio de opinar (Valencia, Editorial Aduana Vieja). Poemas suyos aparecen en numerosas antologías publicadas en diversos países y han sido traducidos a más de una decena de idiomas. En 1967, su libro Vivir es eso obtuvo el Premio de Poesía “Julián del Casal”, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, concedido por un jurado que integraron Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Gabriel Celaya, José Ángel Valente y Enrique Lihn. En 1994 ganó el Premio “Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria” con su libro Memorias para el invierno. Es autor de la antología Poemas Cubanos del Siglo XX (Madrid, Hiperión, 2002). En 2011, bajo el título de Objetos personales (1961-2011), aparece en Sevilla su poesía completa en la Biblioteca Sibila-BBVA de Poesía en Español. Es miembro correspondiente de la Real Academia Española. En 2006, el Centro Cultural Cubano de Nueva York le otorgó la medalla “La Avellaneda”, en reconocimiento a su aporte a la cultura cubana. Posee la ciudadanía española y desde 1992 reside en Las Palmas de Gran Canaria.

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Mínimo discurso sobre el Poeta, la Palabra y la Poesía

Discúlpenme,

si pueden y si quieren,

este discurso sumario,

acaso ingenuo, acaso pretencioso,

sobre el Poeta, la Palabra y la Poesía,

—o, si lo prefieren,

sobre la inútil paradoja que sería el Universo

si no contase con la angustia del hombre que lo mira.

Quizás sea el momento de decirles

francamente

lo que pienso sobre materia tan resbaladiza,

sin tomar, es un decir, las debidas precauciones.

En primer lugar no creo que nosotros los poetas

—los filósofos sonríen en la mesa vecina—,

pastoreando las Dudas como cabras en la noche,

hagamos otra cosa que mentir:

mentir para existir,

mentir para querer,

mentir para indagar,

mentir ¿para saber?

¿Alguna vez sabremos?,

¿alguna vez, en la madeja iridiscente de la mentira

—ah, maestro Eliseo Diego, háblenos, que usted ya sabe—

hallaremos el camino, o los caminos,

hacia esos distritos nocturnos de las cosas

que tanto nos intrigan?

La impostura, la treta, el maquillaje

son los instrumentos de nuestro menester

(oficio, para algunos, de vida paralela,

y, para otros, de hundirse hasta el alma en la que hay).

Véanlo, si no, cuando decimos

vendrá la muerte y tendrá tus ojos, o

tus otoños me arrullan en coro de quimeras obstinadas,

o la noche se puebla de muecas de locura,

y más: polvo serán, mas polvo enamorado.

Uno de nosotros,

por ser fiel a una nostalgia,

mintió de esta manera:

Por la hoja del caimito van dos colores trepando.

Y otro, para ser fiel a la norma del coraje,

grabó en nuestra memoria esta mentira:

¡La celeste zancada de los que caen siempre en la batalla!

Así queda demostrado que no es en absoluto aconsejable

que al pie de la letra se tomen,

como se dice,

ni versos ni poemas,

así sean odas bravas o breves madrigales.

Y es aberración aborrecible negarse a comprender

que el espíritu acosado invente una puerta de emergencia.

Débese tener presente, pues, que la poesía

es agua discursiva, oscura pradera, rosa melancólica,

carnívoro cuchillo, grano de trigo en el silencio,

guitarra del mesón de los caminos,

manotazo, águila audaz, guijarro,

mosca, miedo, mástil, horizonte, todo

menos un acta notarial,

por más que su destino sea,

al menos el que su índole prescribe,

dejar constancia permanente de no se sabe qué.

Y atención, toda la atención les ruego:

no caer en esa trampa de pensar que la Poesía está en las cosas

como un bodoque de hulla en una mina,

como un pan en la despensa, como

una estrella hundida en el corazón de una bellota,

y de pensar que el Poeta,

escarbando en las cosas asistido de una espátula y un cirio,

la descubre y nos la pone entre las manos,

neta,

nívea,

nítida,

unívoca,

inequívoca y fosforescente.

Amigos míos,

cómplices y parroquianos de mutuas soledades,

estoy en condiciones de afirmar rotundamente,

con el viejo búho Stéphane Mallarmé,

y siguiendo mis propias experiencias,

que la Poesía habita sólo en el idioma:

por más que a lo largo de mi vida lo intentara muchas veces

nunca logré

—el pauvre Lélian asimismo ha fracasado—

ni un solo romance sin palabras.

Poesía eres tú, Gustavo Adolfo,

en Sevilla y en Veruela

y muriéndote de sífilis en Claudio Coello 26,

y lo soy yo,

y no porque seamos ni musas ni modelos,

sino porque somos los que hablamos:

sin nosotros no hay mirada,

no hay asombro,

no hay desgarro,

no hay desvelo,

no habrá un alma para la montaña,

ni una traducción del cielo,

ni eternidad para la espiga,

ni una gramática para el misterio,

ni un horizonte cuadrado,

ni un oboe sumergido,

ni un antílope de evaporados pasos.

Sin nosotros y nuestros cómplices de siempre

no hubiera un verso respirando en este mundo,

y un verso, sólo un verso,

si es un verso, todo un verso,

es toda la Poesía.

La Poesía no mana del jardín, sino del jardinero,

y mana de mí, que descubro el jardín de otra manera,

que lo miro y no lo miro,

que lo nombro y no lo nombro,

que al llevarlo a mi lengua lo sumerjo en una luz y en una sombra

que jamás le dieron y nunca le darán

ni la aurora más radiante ni la noche más sombría.

La Poesía es el verbo incandescente que la crea.

Digámoslo sin arrogancia,

más bien sobrecogidos,

y que Gustavo Adolfo, hermano mío, me perdone

desde todos los Olimpos que sin duda se merece:

podrá no haber poetas,

en cuyo caso tampoco habrá Poesía.

Las Palmas de Gran Canaria, 1997

LA CENA

 a Rafael Alcides

Mi abuelo se sentó a la mesa con su muerto al lado.

No levanté los ojos de la sopa:

sabía que él también estaba muerto.

Mi madre tampoco levantó los ojos

a pesar de estar tan muerta como él.

Pero el muerto más muerto era Jacinto el ciego,

que no tenía ojos para ver la sopa.

Y peor aún era el caso de Donata,

que no tenía sopa para meter los ojos.

Mi abuelo se levantó, entonces, de la mesa

y nos dejó solos con su muerto

(un muerto sin ojos y sin sopa,

un terrible muerto hecho todo de bocas y de huesos).

Lo miré al soslayo, ya sin pizca de apetito,

y deduje que era un muerto que buscaba nombre.

Le puse el nombre de mi abuelo.

Mi madre protestó y le puso el nombre de mi padre.

Mi padre protestó y le puso el nombre de mi hermano.

A Donata y a Jacinto se los tuvo en cuenta

cuando llamaron al muerto con mi nombre.

Fue cuando pregunté:

-¿es necesario que los muertos tengan nombre?

¿por qué meter los ojos en la sopa?

¿Hay que sentar los muertos a la mesa?

Mi padre respondió al momento:

-conviene darles un carnoso nombre

donde poder pegarles la mordida;

ellos se pasan el tiempo con la boca seca

raspando con sus dientes nuestros platos.

Si no tuvieran nombre, ¿cómo poder llamarlos

y cómo poder, si queremos, despedirlos?

-Es muy justo sentarlos a la mesa

-añadió mi madre sonriendo

y cortando el pan en rebanadas-.

Nadie puede negar que tienen boca y, por tanto, hambre;

y manos y, por tanto, ganas;

y huecos, enormes huecos fríos que llenar.

Ellos también han de poner sus huesos en la mesa.

Jacinto el ciego le sirvió más jugo al muerto

y mi madre le arrimó toda la sopa

mientras Donata, solícita, decía

¡Buen apetito! en italiano.

Fue cuando pregunté de nuevo:

-¿Todo se hace en el nombre de los muertos?

-Manuel, ¡cállate y come!

COMO TODO HOMBRE NORMAL

(fragmento)
                                          A Ofelia

Yo, como todo hombre normal, soy maniático.
Me llevo bien con mis obsesiones.
Mis relaciones con la angustia son cordiales.
porque no creo que en el mundo todo está ganado,
pero tampoco que está perdido.
Simplemente pienso que falta por hacer la mejor parte.
(Cuenten conmigo).
Pero pido que se razone y se hable claro.
Y pido que se condene a Dios por incapaz y al Diablo por
ridículo y a la Gloria por exagerada y a la Pureza por imposible
y al Iluso por iluso y al Burgués por dolo y al Fanático por
pandillismo y nocuturnidad.

                            II

Yo, como todo hombre normal, estoy enamorado de una mujer,
de una gran mujer nerviosa, bellísima, al borde de la histeria,
de una espléndida mujer que le gusta vivir,
que hace el amor como una niña de convento
a pesar de sus grandes ojos dibujados, de sus largas piernas
duras y del temblor de primavera,
del frenético temblor obsceno
que desgarra la blancura de su vientre.
Y estoy enamorado de mi tiempo,
que es brutal y también está al borde de la histeria.
Estoy enamorado de mi tiempo con los nervios de punta,
con la cabeza rebotando entre el estruendo y la esperanza,
entre la usura y el peligro,
entre la muerte y el amor.
Y sueño y vocifero ferente a una sorda, ululante multitud de
turbinas, pozos de petróleo, gigantescos combinados
siderometalúrgicos donde el hombre crece en la presteza de sus
dedos sobre los controles y las herramientas, fundido al cuerpo
caliente y brillante de las máquinas, que se desgastan
incesantemente fabricando un mundo radiante y futuro, jamás
visto, jamás oído, jamás tocado, habitado por fantasmas que
apenas tenemos tiempo de engendrar.
Estoy enamorado de una mujer,
belísima y neurótica como la Historia,
y me hundo en sus carnes espaciosas para que la aurora que
estamos construyendo no ilumine el planeta
solitario y melancólico.

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